************************************************************************************ SOLUCIÓN COMPLETA DE "LOS INMORTALES" [2.0+] Ante las insistentes peticiones recibidas al respecto, y a pesar de que en general no me gusta el invento de las soluciones, y que para eso prefiero que se me pidan pistas, procedo a publicar la solución completa de la aventura "Los Inmortales". Y no se me ocurrió mejor forma de hacerlo que viajar al futuro, del modo que sólo los programadores podemos hacerlo, para recuperar la crónica que tú mismo escribiste después de cumplir tu misión (porque, sí, lo conseguiste). Que sepas que, si te lees esto, a mi juicio estás perdiendo tu honor como aventurero y empañando tu reputación, pues aprovecharse de lo visto en el futuro es poco elegante; pero bueno, mejor eso que que la gente deje de jugar a "Los Inmortales" por atascarse. Que para eso le he programado un final :) Carlos Gómez, 20/01/03 (solrac888@yahoo.com para dudas/sugerencias) ************************************************************************************ IMPORTANTE: Esta solución sólo vale para la revisión 2.0 y superiores de la aventura, la 1.x se resolvía de forma ligeramente distinta (al hacer viajes temporales, acaba uno cambiando el pasado y el futuro sin querer). Bueno, ahí va. Está todo, así que, si quieres mancillar tu honra sólo ligeramente y leer lo menos que puedas, una sugerencia es utilizar la herramienta "buscar" que tienen muchos editores de texto para buscar la palabra que designa el objeto que te dé problemas, y mirar "de reojo" las frases que la rodean. Claro que si no quieres estropearte la aventura también puedes mandarme un email a la dirección antes descrita y pedirme una pista. SOLUCIÓN COMPLETA [Extracto de la crónica que escribiste sobre el cumplimiento de tu misión de ingreso en Los Inmortales] (...) Sin duda cualquier mortal hubiese temblado en mi lugar; pero yo no tenía miedo, y no vacilé en abrir la gran puerta y entrar en la casa. Me encontré en un zaguán, cubierto de suciedad y telarañas, un preludio de los horrores que me esperaban en aquella mansión. No parecía haber nada de interés en aquel lugar, además de un armario que no conseguí abrir, y tenía prisa por encontrar la piedra y salir de aquel lugar maldito, así que me dirigí a la siguiente estancia, un gran vestíbulo de dos alturas. ¡Ah, aquel vestíbulo! Los grandes maestros anglosajones del terror se quedarían sin palabras para describir las abominables monstruosidades que se ocultaban en sus esquinas. Pero, me olvidaba, dije que omitiría los detalles escabrosos, así que no hablaré de cómo me enfrenté a aquel peligro, y diré simplemente que, habiendo visto cómo la piedra rompía una de las ventanas del ala izquierda del segundo piso, procedí a subir la gran escalera que allí había, y me dirigí hacia esa zona, al oeste. Fue ahí donde me atacaron las ratas gigantes; pero no fue eso lo que me preocupó, ya que al sentir mi valor huyeron como se dice de las de su especie. No, lo preocupante era que el pasillo oeste estaba bloqueado por una barrera de escombros. Ni un superhombre hubiese podido apartarlos. Viendo esto, salí de la casa y avisé a Jorge de la eventualidad; pero él y el resto de los Inmortales hicieron caso omiso, probablemente no me creían. Decidí, pues, que recuperaría la piedra de un modo u otro, y, entrando de nuevo en la casa, la exploré exhaustivamente. No me extenderé en detalles sobre los innumerables peligros que corrí, sobre las abominaciones que se escondían en las sombras, pues todos los esfuerzos de las malignas entidades por terminar con mi vida, o al menos con mi misión, fueron en vano. Diré, simplemente, que en una habitación del piso superior, que se hallaba al oeste, encontré un reproductor de casettes sin pilas, una daga puntiaguda y una cinta de casette. Después me dirigí al ala este, y había allí dos puertas que daban a habitaciones. Me fue imposible abrir una de ellas; pero tras la otra encontré una habitación húmeda y desagradable donde había un cuadro repugnante, que parecía pintado con sangre. Otra persona menos observadora sin duda habría pasado de largo; pero yo descubrí enseguida, al coger el cuadro, que tras él había una caja fuerte empotrada. Ya os imagináis mi emoción al ver una caja de seguridad en una casa vieja y encantada, ¿qué secretos guardaría...? Sin embargo, me fue imposible abrirla, pues se requería una combinación numérica. Por cierto, que en la misma habitación encontré, dentro del cajón de una cómoda, una cinta de casette, con título en un extraño idioma extranjero. Tal vez el mismo idioma que vi en un papelito que encontré más tarde, al levantar la alfombra del pasillo este. Aún me acuerdo de las palabras que había por uno de sus lados: "Zøhlmes nagah zrähn!" Volví después al piso de abajo, y allí había una puerta cerrada dando al oeste, y al este una oscura cocina, donde encontré una pequeña linterna. Por desgracia, estaba rota; pero me fijé en que la pila era del mismo tipo que requería el reproductor de casette, así que la guardé. Parecía que no me quedaba ya ningún sitio accesible por mirar y, aunque me había hecho con un pequeño botín, no me acercaba a la piedra, y tampoco había conseguido nada de gran valor, cosa que al menos compensaría los esfuerzos (todavía creo que en esa casa se han de ocultar grandes riquezas en plata y oro, algún día volveré para recuperarlas). Fue entonces cuando me decidí a probar suerte con un lugar que había dejado sin explorar: un agujero que había en el suelo de la habitación oeste del piso de arriba. Tal vez desde la habitación interior pudiese alcanzar de algún modo la que albergaba la piedra. El caso es que, viendo que no había apoyo visible alguno para bajar, y que saltar por el agujero sin más sería cuanto menos arriesgado, se me ocurrió utilizar un colchón que allí había para amortiguar la caída. Lo empujé, pues, hacia el agujero, y salté. Fue entonces cuando noté un intenso dolor que me laceraba el brazo. Aún hoy ignoro qué fue lo que me atacó durante el salto; pero el hecho es que mi brazo sangraba profusamente. Y todo ello fue, aparentemente, para nada, pues no encontré nada en la habitación inferior, cuyas ventanas estaban condenadas. Además, la única salida estaba bloqueada por un sofá que tuve que quitar de enmedio. Resultó que aquella puerta era la puerta cerrada que había visto en el vestíbulo, por lo visto solamente estaba atrancada por el sofá, porque salí sin problemas. Fue entonces cuando, fijándome en la gran lámpara de araña que debió iluminar el enorme vestíbulo, vi que en su interior brillaba algún tipo de objeto metálico. Sin duda, no era parte de la araña, y pensé que había de ser algo interesante para que lo escondiesen en tal lugar. Me decidí, pues, a conseguir aquel objeto, y ya me gustaría haberme visto desde fuera, mi brazo magullado, mis esperanzas casi cortadas de raíz por el pasillo bloqueado, y aun así pensé mil estrategias para hacerme con él. La araña estaba lejos, no llegaría saltando de ninguna manera; así que no tardé en darme cuenta de que la única forma factible de conseguir el objeto sería lanzar cosas a la lámpara hasta hacer que el objeto cayera. Revisé, pues, mi inventario. El reproductor de cintas parecía un objeto demasiado pesado para lanzarlo, y las cintas demasiado ligeras. No recuerdo por qué ya no debía de llevar la daga, seguramente la perdí en algún momento, tal vez en la caída por el agujero. El caso es que necesitaba un objeto contundente y susceptible de ser lanzado, y los mecanismos de mi mente se pusieron instantáneamente en marcha para encontrarlo, pues nada es imposible para el aventurero valeroso y experimentado. En realidad, la solución al problema era obvia: no en vano había visto hacía muy poco a Jorge coger una piedra en el jardín de la casa, la misma que era mi misión buscar. Donde hay una piedra, siempre hay alguna más, así que salí de nuevo al jardín y miré al suelo, y, en efecto, encontré una muy adecuada, que además se parecía notablemente a la lanzada por Jorge, si no fuera porque le faltaba la marca del permanente. Desde la parte inferior del vestíbulo no conseguí acertarle a la araña; pero me di cuenta enseguida de que la parte superior ofrecía mucho mejor ángulo para lanzar la piedra, así que lo hice. Apunté a la unión de la lámpara con el techo, y fue tal mi puntería que cayó la lámpara entera, rompiéndose en pedazos. Bajé al vestíbulo a recoger la piedra y el objeto, que resultó ser nada menos que una llave vieja y oxidada. Lógicamente, fui a ver qué abría, y encontré que no encajaba en la llave de la habitación cerrada del piso de arriba; pero sí en la del armario, y allí me encontré nada menos que con una segunda pila válida para el reproductor y una nueva cinta. Me apresuré, por tanto, a poner pilas al reproductor y escuchar los tres casettes que había encontrado. No hablaré de las fantasmales, horripilantes voces que habían quedado grabadas en las dos primeras... sólo diré que, en la cinta que había encontrado en la cómoda de la habitación de la caja fuerte, una voz hablaba en un raro idioma extranjero. Me di cuenta de que en algún momento enumeraba cosas lentamente, y de hecho las enumeraba dos veces. No tardé nada en relacionar aquella cinta con el papelito, y casi doy un salto de regocijo, a pesar de estar en tan maligno lugar, cuando me di cuenta de que, sin duda alguna, las palabras allí escritas aparecían en la enumeración... ¡que, sin duda, por el aire de alguno de aquellos términos, se trataba de una enumeración de números! Sé que debería haberme dado cuenta antes de que una cinta que repite lentamente listas de palabras en un idioma extranjero debería pertenecer a un curso de idiomas; pero como sabéis me hallaba bajo una gran tensión. El caso es que se trataba de tres números, que por el orden en que aparecían en la cinta no tardé en deducir que eran el 5, el 9 y el 0. Y, ¿qué uso podrían tener tres números, escondidos en un papelito bajo una alfombra, y escritos en un idioma incomprensible, más que el ser la combinación de la caja fuerte que había encontrado? Cuando introducí la combinación 590 en la caja esperaba encontrarme, como mínimo, con oro y diamantes, y mentiría si negara que me decepcionó bastante ver solamente una llave, una nueva llave. Parecía que los moradores de aquella casa lo hubiesen preparado todo para esconder sus misterios y hacerlos inaccesibles, clave tras clave. El caso es que, probando la llave en la cerradura de la puerta que me quedaba por abrir, comprobé que, en efecto, se abría. No mencionaré al horror de ultratumba al que me tuve que enfrentar allí, herido y desarmado, simplemente diré que, tras vencerlo, inspeccioné la sala y encontré, debajo de los papeles, un rotulador. Un rotulador parecerá, sin duda, muy poca cosa; pero a veces un objeto sencillo puede salvarnos la vida, y éste fue el caso. Miré el rotulador y miré la piedra con la que había roto la araña. La piedra se parecía muchísimo a la que Jorge había lanzado. Solamente le faltaba la marca que Jorge había hecho con el permanente... y tenía un permanente en la mano. ¿Podría engañar a Los Inmortales con aquello? Sin pensármelo mucho, me dispuse a pintar la piedra con el rotulador; pero antes de trazar la "I" me tembló la mano, y no llegué a hacerlo, pues me di cuenta de que el rotulador que tenía era azul, y el que había usado Jorge era rojo. Una argucia así jamás surtiría efecto... Y, sin embargo, tenía algo para pintar la piedra de rojo, y contar con posibilidades de engañar a la banda. Mi brazo continuaba sangrando... En efecto, tuve que pagar mi ingreso en Los Inmortales con mi propia sangre. Mojé la punta del rotulador en ella, y pinté sin vacilación una marca en la piedra idéntica a la que Jorge había hecho. Volví a donde estaban Jorge y sus secuaces y les entregué la piedra, y, en efecto, ¡dieron mi misión por cumplida! Antes he utilizado el verbo "engañar"; pero creo que no es el adecuado. ¿Se puede llamar mentiroso a quien vivió una aventura tal, y superó tan increíbles peligros para encontrar una piedra que, al fin y al cabo, no se diferenciaba de la buscada? Sin duda sería cruel utilizar tal término. (...)